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CONFIGURACIÓN HISTÓRICA DE CATAMARCA
DESDE SUS ORIGENES HASTA EL SIGLO XIX


Catamarca, fortaleza de la falda

La palabra Catamarca, es probablemente de origen quichua, y significa ”castillo o fortaleza en la falda”. “Cata”, es falda o ladera y “marca”, fortaleza.

Primeros habitantes

Hallazgos arqueológicos permiten afirmar la existencia aproximadamente hace 10.000 años a.C., de grupos humanos de cazadores y recolectores en el actual territorio catamarqueño: la cultura Ayampitín, que vivió en permanente nomadismo. Sin embargo, los primeros signos de ocupación sedentaria, se remontan a 1.000 años a.C. Estos aborígenes pertenecieron a la raza ándida -civilización de montaña- y recibieron la influencia de corrientes de cultura amazónica, del imperio Tiahuanaco y luego de la civilización Inca.

Decir “los diaguitas”, es hacer referencia a un conjunto de pueblos que hablaban el idioma kaká o cacano, lengua primitiva que hoy subsiste en algunos topónimos, por ejemplo en las terminaciones gasta y ao. Adán Quiroga señala que  la lengua cacana, serrana o montañesa, es una misma cosa, pues kaká significa “montaña”. Estos pueblos se manifestaban de modo diverso en lo cultural, pero tenían en común los sistemas de producción desarrollados en función de un ambiente similar con tradiciones comunes a la región. Por eso los conquistadores españoles creyeron que constituían un solo grupo al que denominaron genéricamente como diaguitas o calchaquíes.

La ocupación aborigen se realizó en zonas montañosas áridas y semiáridas, en sus valles altos en proximidad a las vertientes o vegas de altura, posibilitando las producciones agro-pastoriles complementadas con la artesanía, la caza y recolección. También hubo ocupación en valles bajos vinculados con los bosques chaqueños y yungas, en aldeas ribereñas de corrientes de agua permanente.

Se cultivaba zapallo, papa, poroto, ajíes y sobre todo el maíz. Utilizaban el riego por acequias, que se complejizaría y optimizaría en el período imperial inca. Luego, desarrollaron la alfarería con cerámica, trabajaron la piedra, la madera y el hueso, el tejido, la cestería y metalurgia (cobre, oro y plata). Domesticaban llamas para sus viajes y transporte de cargas. La caza principal era la de vicuñas, guanacos y avestruces y la práctica de recolección estaba fundamentalmente dirigida a la obtención de algarroba, chañar, mistol, piquillín, ají del campo, etc. En época de crisis, la algarroba servía de alimento y forraje.

La relación hombre-naturaleza impregnaba la espiritualidad aborigen: adoraban al sol (Inti) como dios principal, la luna (Mama Quilla), el trueno y el relámpago y una gran variedad de genios particulares (del viento, la lluvia, la caza y las cosechas, por ejemplo). Se hacían ofrendas a la tierra (Pacha Mama) con los frutos que se obtenían de ella. Las Apachetas son altares propiciatarios y el Acuyicu, ramos de hojas frescas. La artesanía revela también la veneración con el sapo y el avestruz, animales que presagian la lluvia. La expresión de la religiosidad diaguita era festiva: las celebraciones contaban con cantos, baile y consumo de aloja y añapa.

En general, las tribus catamarqueñas gozaban de un excelente desarrollo social y económico, lo que permitió mantenerse unidas, bajo ciertas formas de federación y distinguirse por la organización de sus aldeas. No había gobierno central, más bien la organización remite a la idea de confederación. El cacique disponía de autoridad absoluta sobre sus subordinados.

El proceso de la presencia aborigen en nuestro territorio refiere “cien siglos de relación del hombre con la naturaleza, que no había producido un desequilibrio amenazante para la estabilidad del ambiente, los sistemas de creencias elaborados junto con la evolución de las técnicas tendían a asegurar la preservación de la Pacha Mama, y tanto el suelo como los productos de la naturaleza se regulaban y cuidaban, basados en un sistema de organización social sin uso de dinero.” (Kriscautzky, 2009)

“La población de Argentina -dentro de los límites actuales- hacia 1492, fue calculada entre 300 a 340 mil habitantes y para el Noroeste unos 200 mil aborígenes”. (De La Orden de Peracca, 2009)

Se distinguen tres períodos para analizar el desarrollo de la ocupación y cultura aborigen en suelo catamarqueño:

· Período Agroalfarero (500 a.C. a 1480)

· Período Imperial Inca (1480 a 1530)

· Período Hispano Indígena (1530 a 1665) en el que se produce la declinación y aculturación de los pueblos aborígenes.

 

 
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